Día 1

Roma, Ciudad Eterna, ¡por fin!
Es un sitio al que siempre he querido ir. Han sido solo cuatro días, pero cuatro días muy exprimidos y aprovechados.

Lo más engorroso del viaje es tener que desplazarnos hasta el aeropuerto de Gerona, a tres horas y media de nuestra ciudad. El viaje de ida fue muy entretenido, con la ilusión y todo. Y además nos fuimos los cinco en un coche (en realidad somos como Los Cinco, de Enid Blyton, en una retorcida versión para adultos). El señor R, a quien he mencionado muchas veces, otra pareja de amigos a los que llamaré F y O, por aquello de mantener a salvo su identidad (y porque veo Gossip Girl y se me pega todo), y nosotros mismos, of course. Prizz pasó a ser Máximo (aunque su nombre sea Gladiador) en cuanto pisó el aeropuerto de Ciampino. Cosas suyas.

En el coche, acaloradas discusiones se dieron paso una tras otra. Desde luego, ninguna podría igualarse a la media hora larga de carrete que nos proporcionó El extraño caso de Benjamin Button, la nueva película de Brad Pitt que ninguno había visto. El niño que nace anciano y a medida que crece va siendo más joven, hasta que muere como un bebé. Esto genera innumerables incógnitas, como si al nacer sería un bebé de setenta kilos con canas y arrugas, o un viejecillo del tamaño de un RN, y viceversa. Al final tendremos que verla.
Tras una parada a repostar (nosotros, no el coche), llegamos a Gerona sin más contratiempo.
El coche, mejor dejarlo en el parking. Ocho euros el día entre los cinco es mejor que dejarlo por ahí solo.

Y la primera foto del día (ni de coña, ya llevaba mil. Puedo llegar a ser muy absurda haciendo fotos, pero eso ya lo sabéis)

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El aeropuerto es muy pequeño y algo depresivo. No tiene la vidilla de las grandes terminales. O eso dicen, porque yo no he estado en ningún otro aeropuerto. Estaba virgen en esto de los vuelos. Virgen y de los nervios.

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Al llegar a nuestra mesa para canjear el billete, tuvimos que empezar a soltar pasta. Diez euros más cada uno por no sé qué historias. En la web de Ryanair no está muy clara esa información y todo el mundo se llevaba la sorpresa. Aún así, ida y vuelta a Roma 60€ en total.

Los controles de equipaje son para escribir un libro a parte.
Normas básicas para el equipaje de mano: Medidas 50 x 40 x 25. Nosotros preocupados por tenerlo todo en orden y la gente subiendo con auténticos maletones... luego las cosas no caben en los compartimentos y muchos tienen que llevar sus bolsas entre las piernas.
Tampoco puedes llevar geles, desodorantes, pasta de dientes, o cualquier otro líquido en botellitas que pasen de 100ml. La hidratante facial de O se quedó sin viaje, esperando tristemente nuestra vuelta en el maletero. Por 25ml.

Para pasar los controles tuvimos que quitarnos toda la chatarra. Prizz y O las botas. Yo me dejé el bolso en casa y llevaba una riñonera hortera de los chinos. Hortera pero útil, sin peso para mi contractura. Todos me pedían gasolina.
Tenía miedo de que no me dejasen pasar las pilas, porque en una web advertían sobre las pequeñas baterías líquidas. Lo que viene a ser una pila, vamos. Al final no hubo ningún problema.

Las fotografías en el exterior están terminantemente prohibidas. Como no lo sabía, yo a mi rollo.
Al vislumbrar los aviones me temblaron las rodillas. Menos mal que llevaba Tobosines, y tenerlos pegados a los dientes durante veinte minutos ayudó a pensar en otras cosas. Todas relacionadas con ortodoncias de urgencia.

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El despegue era lo que más miedo me daba, y me puse tan tensa que casi me fundo con el sillón.
Una vez en el aire, todo es tan bonito que se me pasó enseguida. Es verdad que las nubes parecen de algodón. Al verlas de cerca, es aún más cierto.

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Todo el viaje es por encima del mar, aunque sobrevolamos Córcega. Si hubiésemos atravesado más sitios, Prizz termina estrangulándome. Quería saberlo todo. Y al llegar me parecía ver claramente una bota jejeje
Soy como un niño.

Ciampino está bastante a las afueras de Roma, pero en el aeropuerto de Gerona compramos unos billetes de autobús de ida y vuelta a la estación de Termini ("Estación Termini, mítica película de Vittorio de Sica, escrita por Truman Capote". Frase del señor R al llegar a la estación en cuestión)

El hotel también nos daba miedo. Hotel completamente céntrico y baratísimo. Pri... Máximo y yo hemos dormido en Roma por 120 euros. Toda la estancia. Gracias a F.
Al llegar pudimos comprobar que era un sitio genial. Con las sábanas limpias, toallas, gel, jabones, etc. Además, el interior parecía un patio romano.

E aquí la entrada:

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Allí mismo nos dieron un mapa a cada uno. El recepcionista marcó varios sitios de interés que ignoramos completamente, y nos indicó dónde se encontraba la calle Corso, la calle de tiendas más cara de Roma. Dijo que nosotras, O y yo, debíamos ir allí a gastar el dinero de los caballeros. Estos italianos son tela de machistas... XDDD
Máximo, el hombre brújula, se hizo con el mapa y nos condujo por la ciudad los cuatro días sin ningún margen de error. Los chicos flipaban en colores. Yo estoy acostumbrada, y lo sigo flipando. Nunca se pierde, siempre sabe dónde está. Y encima lo recuerda, aunque pase mucho tiempo. La próxima vez que volvamos a Roma, no necesitará de mapas para llegar a los sitios dónde ya ha estado. Debería llamarlo brújulaman. Ni Prizz, ni Máximo.

Lo dejamos todo deprisa y corriendo para empezar a pasear por la ciudad. Ya era de noche, o casi (la foto anterior es de otro día, para llevarme el recuerdo de la entrada del hotel conmigo).

Me compré una guía de Roma por ocho euros. No quise hacerlo antes, porque me hacía ilusión comprarla allí. Máximo opina que comprar una guía de viaje, durante el viaje, es un error. Es como comprar Qué se puede esperar cuándo se está esperando, cuándo ya has parido. No te vale de nada (cito textualmente). Aunque esa teoría no se ajustaba a este viaje, que ya estaba bastante planificado. Él hablaba más de ir a algún sitio sin información previa. Información en papel, que es la que más nos gusta escudriñar, bien sentados en el sofá.

Éste edificio no sé que es, pero estaba detrás del hotel. Lo mejor de Roma es que giras una esquina y puedes encontrarte cualquier cosa. Es la cumbre del arte, joder.
Y el cielo... el cielo es de un azul imposible. Siempre tiene uno la sensación de estar dentro de una postal...

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Al estar muy céntricos, pudimos pasar por varios sitios emblemáticos muchísimas veces. La primera noche fue genial. Era la primera vez que vimos, por ejemplo, la Piazza di Spagna. Mítica en mil películas, dónde todo el mundo se sienta. 135 escalones.

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(Si le quiero hacer esos destellos con el photoshop no me salen, toma ya)

O la embajada de España. Todos los edificios tienen su encanto.

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Una nocturna, porque si.

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Y... ¿qué tenemos aquí?. La Fontana de Trevi era mi principal objetivo, por encima de todo lo demás. Al encontrarla, el corazón casi se me sale del pecho. Es PRECIOSA. Tanto como esperaba y más. Impresionante.
¿Habéis visto "La Dolce Vita"? La famosa escena en la que Anita Ekberg se mete dentro de la Fontana, con ese traje negro de noche, con ese escotazo que revolucionó en la época... y con Marcello Mastroianni, ¡qué hombre!

Mis fotografías no le hacen ninguna justicia. Además, como curiosidad, no está permitido desplegar trípode para fotografiarla. No sé porqué, pero vimos como los señores guardias se lo indicaban a un grupo que tenían uno. En realidad, no está permitido hacer absolutamente nada cerca de la Fontana. Nos estábamos comiendo un delicioso gelato cuándo nos sacaron del perímetro echando leches. Eran los guardias del NO.
-Las bicicletas no son sólo para el verano, y los helados tampoco. Ñac, ñac-

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Para sacar una buena panorámica hay que estar bastante más lejos.

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Y si no tienes alas, es imposible. Así estaba la fuente:

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Abarrotada. Era difícil hacer fotos sin que saliesen cabezones por doquier. MUY difícil.

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El templo de Adriano. O lo que queda de él, que son las columnas.

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Los restaurantes típicos eran muy típicos. Mesas fuera con velas, aunque sea febrero. Y hacía un frío de cojones. Una de las cosas que mejor recordaremos será el frío que hemos pasado. Temperaturas bajo cero a plena luz del día. No sabíamos si estábamos en Roma o en Siberia.
Eso sí, como digo, la gente cenaba en la calle. Con el abrigo, la bufanda y el gorro bien calado. Y con guantes. Yo me hacía cruces de como se puede cenar con guantes, oyes.

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Nosotros encontramos nuestro cado justo al lado del de la foto. Dentro, calientes. Cenábamos por 12 euros todo incluido cada noche, y nos poníamos hasta las cejas de pizza y pasta. Volvimos allí todos los días, y fue el sitio que mejores recuerdos nos traerá. Miscelanea, se llama.
Regentado por un americano, con un transilvano de camarero, del que al final hasta nos hicimos amigos de toda la vida...

Y después de cenar continuamos paseo. Otra cosa que nos dejó de piedra, el panteón de Agripa. La vista del monstruo al doblar una esquina era sobrecogedora. A esas horas, evidentemente, estaba cerrado. Lo más destacable, arquitectónicamente hablando, es el ojo de la cúpula. Pero ya volveremos a él cuando abran.

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La piazza Navona durante la noche:

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Roma es la ciudad de las fuentes. Están por todas partes. Verdaderas obras de arte.
(Esto sigue siendo la piazza Navona)

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Y esta casa que compraremos para reformarla (en nuestros sueños). Resulta que es un edificio que sin ser muy famoso, aparece como uno de los rincones con encanto. O compró un librito de ilustraciones de rincones ¡y allí estaba! ¡nuestra casa!
Fijaos que tiene una vieja barbería a la izquierda. Qué genial...

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Y creo que esto era otra embajada. De noche, todo son edificios iluminados. Me encantan las ciudades por la noche. Los juegos de luces me pierden...

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Otra nocturna, porque si. Esta es mi favorita.

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Y al saco.
En la habitación del hotel hacía un calor terrible, pero con el frío que llegamos a pasar, casi se agradecía estar en camiseta de manga corta sobre la cama.

Día 2

Al día siguiente madrugamos mucho. Bueno, todos los días lo hicimos. Desayunamos bien para mantener el tipo después. Casi fuimos los primeros en bajar.
Los planes eran ir al coliseo y al foro, y dar una vuelta por toda esa zona en general.

Decidimos no coger el metro (en cualquier caso, sólo hay dos líneas). La verdad es que en esta ciudad no hay distancias largas, al menos en el centro del meollo. Y si no vas andando a los sitios te pierdes muchas cosas.
Al ser tan temprano, casi no había luz suficiente para las fotos. Aunque la calle ya estaba abarrotada.

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En este edificio había una exposición sobre Darwin.

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La parte de arriba:

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El foro de César

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César Augusto:

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La columna de Trajano (como les gustaban las columnas y obeliscos a esta gente)

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Monumento a Victor Manuel II. Despatarrante.
Los dos carros de arriba pueden verse desde cualquier punto de la ciudad.

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También estaba en obras

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Había una sospechosa actividad policial...

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Tras un millón de fotos, seguimos camino...

Y parece mentira que esto se tenga en pie. Más de dos mil años y ahí está, oye. Como todo lo demás.

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¡Ya se ve, ya se ve! (Gladiadores, ¡fuerza y honor!)

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Resultó que fue aquí dónde nos enteramos del porqué de la abundante presencia policial. Estaban en huelga. Todo estaba cerrado, incluidos el coliseo, los foros, y cualquier museo dónde pensásemos ir. Adiós al Campidoglio y los museos capitolinos, dónde estaba, entre otras cosas, Luperca, la loba capitolina, algo que me hacía bastante ilu. Y es que es la figura de Rómulo y Remo, fundadores de Roma, amamantados por la loba.
Una cosa pendiente para la próxima vez que volvamos :D

Tras el chasco inicial, y cruzando los dedos para que la huelga fuese solo cosa de un día y todo volviese a la normalidad en breve, cambiamos el planing. Lo de mañana para hoy, y mañana nueva intentona aquí. No pasa nada.

Lo que queda del Circus Maximus, ¿quién se acuerda de esas famosas carreras de cuadrigas en Ben-Hur?

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Todo está salpicado de templos:
(Atención al tráfico)

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Y de arcos. Cada uno quería tener el suyo (pasaba como con los foros y las columnas XD).

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Y llegamos a otra de las cosas más emblemáticas. Otra de las que yo quería ver a toda costa.
La Bocca della Verità.

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Al llegar nosotros, no había nadie más. Tuvimos la suerte de poder estar un buen rato haciendo melonadas y otros cientos de fotos.
Nos metimos, de paso, a ver la iglesia de Santa María de Cosmedin. Al salir, un autobús de japoneses completamente enloquecidos había rodeado a la pobre Bocca. Si tengo que hacer cola para sacar una fotografía entre toda aquella exaltación, me muero.

Para llegar al Trastevere, nuestro siguiente objetivo, tuvimos que atravesar el Aventino.
Como fanáticos de la serie Roma que somos todos, ver el cartel fue casi orgásmico.
Si, amigos, si. Tito Pullo y Lucio Voreno paseaban por aquí como si nada.

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Cruzar hasta el trastevere fue una tarea ardua y peligrosa para unos peatones poco acostumbrados al riesgo como nosotros. El tráfico en Roma es infernal, por decirlo suave. Los semáforos brillan por su ausencia, pero no importa, porque haya semáforo o no, esté rojo o verde, allí no para ni dios. Hay que esperar pacientemente a que quede un hueco entre coche y coche, y correr. Y digo CORRER. Todo lo que las cansadas piernas den de si.

Los rincones del trastevere son los más bonitos. Se podría pasear por allí durante horas. Es la zona más auténtica. Callejuelas estrechas, cafés perfectos...
Y hablando de cafés, cuidado con los precios. Nos clavaron catorce euros por cuatro tacitas tamaño cortado de cioccolato caldo. Citando vilmente a F, nos crujieron como zueca de olivera...
Aquí me llevé dos sobres de azúcar para mi suegra, que colecciona de todas las partes del mundo mundial.

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Santa María in Trastevere:

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Y seguimos

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Pr... Máximo y yo en Roma:

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Fuera del Trastevere y de camino al Vaticano (caminante no hay camino se hace camino al andar. Afú)

Una simple farola compuesta por cuatro cascos de barco y un par de cabezas de carnero.

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El castillo de Sant'Angelo. Fue aquí dónde se refujió el papa cuando Carlos VIII entró en Roma.

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Esto me llamó mucho la atención. Una especie de monumento de la guerra. Un ángel precioso sujetando un casco que estaba lleno de rosas. A ambos lados pueden leerse muchos nombres.

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Y ya pasamos al Vaticano. Un sitio al que no pensábamos entrar. Pero qué puedo decir... el arte me llama... y dentro estaba La Piedad de Miguel Ángel.

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La parte de arriba de los dos edificios que flanquean la basílica era así:

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San Pedro:

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Y la plaza vista desde la basílica

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Como digo, no pensábamos entrar. A Máximo le repateaba especialmente, peeeero, cuando se quiso dar cuenta, O y yo ya estábamos en la cola de los detectores y el resto nos seguían. Entrar a la basílica es gratis, venga, hombre, porfaaaaaaa...
El señor R bromeaba diciendo que temía que a Máximo le entrase La Fe repentina y cayese de rodillas, brazos en cruz, al atravesar la entrada. Lo representó un par de veces (sin llegar a tirarse al suelo, claro, que estábamos cerca de la policía de la entrada) y casi me meo de la risa.

Yo me moría de ganas de ver La Piedad, en serio. Era otra de las cosas que me gustaban, aunque no pensé que fuese a tener el placer. Estaba hasta nerviosa...
Y joder, es preciosa. Está protegida tras el cristal. No me extraña. Sólo de pensar que las manos de Miguel Ángel estuvieron sobre ella se me pone la piel de gallina.

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Una vez dentro, hasta Máximo disfrutó. Se pueden tener diferencias con la iglesia. Yo misma no puedo con ellos. Pero también hay que saber separar las cosas, y esa basílica es una joya artística digna de ser vista.
Al museo del Vaticano no entramos. Allí si que hay que pagar, y bastante, y ya entra en juego mi conflicto interior de dejarles más dinero a estos señores... Además, había muchísima cola, y era demasiado "sólo" por ver la Capilla Sixtina.
Con la creación de Adán lo hubiese llenado todo de babas. Por lo demás, las riquezas y opulencia que tienen allí expuesta me la trae al pairo.

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Tampoco hice demasiadas fotos aquí. La luz no era muy buena, y sacarlo todo me resultaba una misión imposible. Había gente por todas partes. Demasiada para mi gusto.

Y aquí se supone que está enterrado San Pedro.

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Bueno, esta es la entrada de acceso desde arriba. Había unas escalerillas que bajaban a la cripta, dónde estaba el sepulcro realmente. Con el margen de error considerable, teniendo en cuenta la pila de años que llevarán esos huesos dando vueltas por el mundo, claro.

También visitamos la cripta. No había que guardar cola y tampoco había que pagar.
Vimos la tumba de Juan Pablo, que ya está colocada junto a las demás. Junto a la de San Pedro, para ser más exactos.
Por otra parte, O, hizo un descubrimiento que la dejó perpleja, anonadada y patidifusa: La tumba de los últimos Estuardo. Seguidora como es de toda la dinastía, ha recorrido toda Escocia tras los pasos de Bonnie Prince, sin tener ni la más remota idea de que sus restos estaban justo aquí. Imaginaros su sorpresa al descubrirlo.
Para ella, que ya había estado varias veces en Roma, esta visita mereció la pena sólo por hacerse con este pequeño detalle. Y lo que yo que me alegro, porque ilustra como nadie todas las aventuras históricas.

En el interior de la cripta, y como anécdota tontuna, Máximo nos hizo escupir de risa contenida con uno de sus juegos de palabras para dummies, justo en el momento en que se escuchaba por los altavoces a un señor diciendo que eso era un lugar de recogimiento y para el silencio. Y Él pasando por delante de la tumba de San Jacobo.................... (con todos mis respetos, y los suyos)

Yo me empeñé en comprar a mi abuela un rosario allí mismo, dentro del Vaticano, y llevarlo a la pila de agua bendita (imagino que esto tendrá un nombre técnico, pero comprended mi ignorancia al respecto). Tuve que dar unas vueltas horrorosas pensando que no me dejarían volver a entrar por la salida, cruzar de nuevo las criptas, y entrar en la basílica, pero mereció la pena. A mi abuela le ha hecho una ilusión tremenda, justo como imaginaba. Ella es muy, muy religiosa, y yo hago lo que sea con tal de complacerla.

Al salir pasamos más de cerca por el puente Sant'Angelo. Un puente impresionante, cuyos lados están guardados por una hilera de ángeles. No podía ser de otro modo.

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También aproveché para hacerme con un mini trípode. Algo que me parecía indispensable para las noches.

Y más rincones:

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Aquí otro que nos llevamos lleno de recuerdos. No se aprecia bien, pero la puerta que hay al final de la escalera, lleva a un viejo teatro. Este, sin lugar a dudas, sería nuestro rinconcillo favorito. De la puerta colgaban cortinas de terciopelo rojo, que no me explico como aguantan el tirón de las inclemencias del clima.
La de historias que nos llegamos a montar con el dichoso teatro. Pasamos por allí otra noche, y entramos a la heladería que hay al lado solo para preguntar que había sido de él. Nos explicaron que cerró hace ocho años. ¿Qué pasaría?. Subir aquellas escaleras de noche fue muy inquietante. Al lado de la puerta, en la pared de piedra, había una cabeza de león esculpida.
Estuvimos esperando un rato por allí. El suficiente para ver salir a alguien de una de las dos puertas que tenía la del teatro a ambos lados. Salió y se metió por una especie de agujero en la pared, porque me niego a llamar a eso puerta. Se metió levantando mucho una pierna, como quien pasa por un sitio alto. ¿A dónde llevaría esa puerta? ¿Quién vivía allí? Via dei Coronari. Apuntadlo. Y cuidado cuando paséis por delante de esa puerta... muahahahaaaa

Coño, la foto:

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Y sigo:

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Foto chusquera de las mías. Del interior del garito dónde comimos. Comparado con nuestro sitio de cenas (llegados a este punto, ya habíamos decidido que cenaríamos allí todos los días), era un sitio frío (en todos los sentidos de la palabra) y bastante tristón. Comida normalita, nada de abundancias.

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También me entretengo fotografiando escaparates. Es una fijación rara que tengo. No puedo reprimirme, pero es que tampoco lo intento...

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Y la Piazza Navona durante el día. Es uno de esos sitios dónde se ponen los pintores. Siempre hay muchísima actividad y es una zona súper alegre.
Tiene tres fuentes enormes. La central sostiene un obelisco. A los romanos les gustaba traerse cosas de Egipto.

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Detalles de las fuentes:

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En Roma también comen castañas asadas...

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Y volvemos al Panteón de Agripa.
Los agujeros que se ven en la parte superior, o en este caso los puntos negros, son agujeros de bala de la guerra.

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Lo más llamativo es la cúpula. O el ojo de la misma, vamos. Nadie entiende como se sujeta con ese círculo abierto arriba.

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Las fotos en el interior, lo mismo que todas las fotos del interior de capillas, iglesias, basílicas... oscuras.

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Otra foto tontuna. Cochecitos hechos de latas:

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La policía tenía estos pinturescos puestos de guardia por toda la ciudad. Ellos se sentaban dentro a observar. Por el día había dos, durante la noche, uno. Si los necesitabas, sabías dónde buscar.

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Avanti, otra de escaparates:

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Aquí nos tendrían que haber dado de comer a nosotros...

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Máximo y el frío (os dije que hacía MUCHO frío):

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Una de las cosas por ver de la lista de O. El Ara Pacis. Cerrado por la dichosa huelga.
Estaba dentro de un edificio moderno que contrastaba muy bien con todo lo antiguo.

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Vista desde fuera. Menos da una piedra:

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Y una maqueta que había, que se veía mejor que el original:

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Seguimos:

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La Piazza di Spagna de día:

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Estuvimos sentados en los escalones un buen rato para ver que se siente. Tras catorce horas de caminata, era hora de un pequeño descanso.

La vista desde los primeros peldaños (tampoco había que subir demasiado, que no es cosa de cansarse más de la cuenta)

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¿He dicho que no es cuestión de subir más de la cuenta?
Pues mejor ver las vistas desde arriba.
Atardecer en Roma:

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De vuelta, vi una tienda de peluches con un pingüino en el escaparate que me recordó instantáneamente a Anita Blake. Me hizo mucha gracia, porque tenía una cara súper simpática y lo compré. Estoy fatal de lo mío, lo sé.

Cena en el garito del transilvano, como lo llamamos, y al hotel.

Al llegar a la recepción, se nos ocurrió preguntar por una idea luminosa que habíamos tenido. Buscábamos alternativas para el caso de que la huelga siguiese al día siguiente, o que, pulverizando todos los records, nos quedase algo de tiempo libre por la tarde. Quien sabe, a la marcha que llevábamos podíamos quemar Roma más rápidamente que el mismísimo Nerón.
La idea en si era visitar los estudios Cinecittà. Siempre he querido ver de cerca unos estudios, y aquí, nuestro frikismo afloraba pensando que eran los estudios de nuestra serie favorita (¿Cual será? Si, si, Roma. No hay que ser muy espabilado... XDDD). ¡Y había una parada de metro que nos dejaba allí mismo!
Al preguntar al chico melenudo del turno de noche, se le demudó la cara. Y fue una cara que vimos muy frecuentemente al sacar el tema Cinecittà... Era La Cara...
Negó fervientemente con la cabeza y nos aseguró que los estudios no se podían visitar. Más bien era un: "¿Cinecittà? ¡No, no, no. Cinecittà no! ¡No!" Y yastá. Quedamos en volver a preguntar al del turno de día, a ver que pasaba.

Y a la piltra, que hay que madrugar.
Caímos como sacos. Lo juro.

Día 3

Hoy sería el día del coliseo y el foro, por fin. ¿Habría terminado la huelga?
Antes de salir, volvimos a la carga con lo de Cinecittà. Ésta vez había una chica en la recepción, pero el resultado fue el mismo: La Cara. Una mezcla de estupefacción y recelo. Intriga, intriga, dolor de barriga...

La buena noticia era que la huelga había terminado.
Más contentos que paqué, nos dirigimos de nuevo hacia la bestia de piedra.
Tuve cierta nostalgia al recordar la rotonda que rodeaba en tiempos el coliseo... Tantas películas, tantas vueltas en vespa...
Pero bueno, el gigante es impresionante, lo mires como lo mires...
Y no teníamos demasiada gente delante. Una suerte.

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El arco de Constantino:

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Se pueden dar paseos en coche de caballos por toda la ciudad.

Como era San Valentino, las chicas no pagaban. ¡La huelga nos salió bastante bien al final!
Estos italianos se toman el día de San Valentín MUY a pecho. Todo eran flores y globos de corazones por todas partes...

Entrando:
O, nos iba contando la historia de Nerón y los circos. No le gustaban demasiado y no se preocupaba de entretener debidamente a la peña. La irónica venganza del destino llegó a su muerte, cuando decidieron construir el coliseo sobre su villa. No te gustaban los circos, ¿eh?. Pues toma castaña.

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Arriba del todo hay exposiciones de cosas de la época y posteriores. Muy interesantes.

Y ya dentro:

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Impresiona mucho. Más de lo que cabe esperar...
Aquí se desató una discusión sobre el misterio del velarium, que no se llamaría el misterio del velarium si ya estuviese resuelta, jolines.
No se sabe exactamente si el velarium era un solo toldo, o se dividía en gajos pequeños. Vete a saber.

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El suelo estaba dónde se ve ahora el pequeño espacio tableado. Lo que hay debajo eran dónde aguardaban bichos, esclavos, gladiadores y cristianos, en su momento. Y al verlo de cerca, uno se lo puede imaginar perfectamente.
Muchas veces, en los combates importantes, los gladiadores eran elevados desde el piso inferior para darle más efecto al tema. Si habéis visto Gladiator, es similar a cuándo Cómodo y Máximo suben entre una lluvia de pétalos rojos.

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Esa parte de abajo es un auténtico laberinto... Y la de partes que no dejan ver ni visitar. Porque esto es enorme y descomunal.

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Y eso que ha caído muchísimo. Hay zonas donde se ve perfectamente que había escaleras. escaleras que ahora dan al vacío. Tenía al menos tres capas.

Desde uno de los valcones, puede verse mejor la vista exterior. Nuevamente el arco de Constantino, en ésta, el arco de Tito también se ve al fondo.

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Monumento a los cristianos:

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Y del coliseo al foro, que está justo al lado.
Aquí, como diría Gila, está tó roto.

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Templo de Rómulo (otro Rómulo, no el se Rómulo y Remo)

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Estuvimos un buen rato detrás de un grupo de ingleses con guía. O nos iba traduciendo las historietas como sólo ella sabe hacer.

Arco de Séptimo Severo.

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Los carros. Otra vez.

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Templo de Antonino y Faustina

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Templo de Saturno

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Las tres columnas corintias del templo de Cástor y Pólux (que se pueden ver en alguna foto anterior, y también en posteriores)

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El templo de las vestales

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Las vestales eran seis sacerdotisas vírgenes consagradas a la diosa Vesta. De familia patricia, eran escogidas por el pontífice máximo y prestaban servicio durante treinta años. Treinta años de castidad, tócate los cojones, Manolito.

Una piedra molona:

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El templo de Saturno desde cerca:

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Y el Palatino. Zonas de villas del senado, peces gordos varios y un largo etcétera.
En una de estas chozas, dice la leyenda, que fue Eneas acogido por el rey Evandro. La cesta de Rómulo y Remo fue depositada por las aguas del Tíber en la gruta que hay en sus laderas...
Un sitio con historia, vamos.

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Todo eran jardines de naranjos, palmeras y fuentes. Vivían de lujo.
Y con buenas vistas, por supuesto.

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Mi pie pisando el mármol que tantos emperadores pisaron más de dosmil años antes. Es como para pararse a pensar.

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También tenían su circo más a mano.

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Se puede imaginar claramente como vivían. A mi me daba envidia. Todo el día bajo ese cielo azul, entre el verde y el blanco...

Al salir del foro vimos otra perspectiva del coliseo. A estas horas, la cola era todo lo que se ve. Todo el mundo tenía que pasar por un detector de metales que relentizaba el proceso bastante. Mear y no echar gota...

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Aquí se ven poco más o menos las tres capas

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Otra cosa que queríamos visitar y que estaba muy cerca de todo aquello: San Pietro in Vincoli.
Aquí duerme otra de las obras de arte de Miguel Ángel: El Moises.
Estaba cerrado y no pudimos verlo. Una lástima...

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Mientras buscábamos algún sitio dónde comer, pasamos por el cruce de las cuatro fontanas. Son preciosas. Están situadas una en cada esquina de cada calle.

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Ésta última también tenía vegetación por arriba, pero como estaba en la misma acera que yo, no salía entera.

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Al final entramos en una oficina de turismo para preguntar allí lo del Cinecittà. Nos dijeron que aceptaban visitas con cita previa, y nos dieron un número de teléfono.
Por miedo a no entendernos demasiado bien, discurrimos pedir ayuda en la recepción del hotel.
De camino nos metimos a comer en un sitio universal, a la par que económico: El McDonald.
Ya sé que comer en el McDonald estando en Roma es un crimen, pero era lo que más a mano nos pillaba de dónde estábamos, y joder, estábamos taaaaaaaan cansados... que necesitábamos sentarnos YA. A mi me estaba bajando la glucosa, seguro.
Mientras hacía guardia en la mesa esperando a la comida, apareció por la puerta el doble de Tony Soprano (o James Gandolfini). Algo más subidito de peso, pero jodidamente idéntico. Deseé que los demás lo hubisen visto, pero el tío entró buscando algo o a alguien y salió al momento. Me hizo mucha gracia...

Después de la comilona, y esperando al señor R que se había metido en una librería que teníamos al lado del hotel, F y O se fueron a la recepción. El chico del turno de la tarde fue sumamente amable, aunque también puso La Cara, le pudo la curiosidad y les hizo un tercer grado. Preguntó si éramos cineastas, y el porqué de nuestro interés por los estudios. Dijo que éramos los primeros en preguntar por el sitio, y se sorprendió muchísimo cuando ellos le dijeron que el sitio era muy conocido en España (conocido en ámbitos frikis o cineastas) Llamó encantado de la vida, e insistió bastante a su interlocutor... sin embargo, no hubo forma de concertar una cita. Es más, le dijeron que los estudios no se pueden visitar.
Se nos ocurrieron diversas formas de seguir con la nuestra, como por ejemplo, hacernos pasar por cineastas. No me miréis así, oye, ¡que la idea nos la dio el recepcionista!. Bueno, no exactamente, me refiero a todo eso de preguntar si lo éramos. Quien sabe, lo mismo pasábamos por cineastas. Podíamos alegar que estábamos buscando decorados para la próxima película de Almodovar...
Fue un chasco.

Aprovechamos para ir a la dichosa calle Corso.
De camino volvimos a pasar por la Fontana y pude sacar unas fotos de día. Tuve la suerte de pasar por delante todos los días. Qué preciosa es. No me cansaré de decirlo...

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También vi un viejo cinquecento. Me hizo gracia porque acababa de comprarme una pequeña miniatura idéntica, pero en azul y con la maleta detrás, fuera del coche, tan propio de la época...
Mira que son monos...

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Y vimos un calendario de curas macizos, que a O y a mi nos dio cuerda para numerosas conversaciones lujuriosas y calentorras. Ya veía ese calendario colgado en los puestos de trabajo de ambas...
El pájaro Espino salió a relucir varias veces. Y es que ese rollito de lo prohibido, y el tema confesionario... siempre ha tenido su aquel.

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Coñas aparte, mientras fotografiaba las fuentes de la Piaza Navona durante el día, pasó a mi lado un cura que ya lo querrían en las pasarelas. ¡Mi madre, que tío!

Y una instantánea de la calle Corso. Os diré que no es una calle peatonal... sacad vuestras propias conclusiones.

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Un ejemplo ilustrativo:

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Ni que decir tiene que no compramos nada de nada...

Después nos metimos en una cervecería a tomarnos algo. Una cervecería dónde nos odiaron desde el momento en que dijimos que no íbamos a quedarnos a cenar (el transilvano nos esperaba)

Pero antes, otra vuelta por el trastevere de noche, ¡que merece la pena!
En realidad, nos confabulamos un poco con Máximo, que era el guía y el único que sabía llegar. F estaba hecho polvo y no podía dar un paso más, y la cara que puso cuando se enteró de nuestro nuevo destino es un poco como el anuncio de la visa: no tiene precio.
Pero mereció la pena. Se estaba muy a gusto. Y dio paso a una nueva sesión de fotografías nocturnas.

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También descubrimos una tienda de cómics con cositas muy interesantes. A destacar, una colección de láminas originales. Se podían encargar para comprarlas, pero el chico no tenía muchas ganas de vender y no nos puso demasiadas facilidades. El dibujante era una verdadera pasada. La tienda parecía una sala de exposiciones.
También tenía bastantes cómics antiguos.
Cómics Boulevard, se llamaba.

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Éstas fotitos desde uno de los puentes. Las que más me gustan. El pequeño trípode que compré dio sus frutos jejeje

Castillo de San'Angelo iluminado:

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El puente sobre el río Tíber:

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Y ya de vuelta:

Esto era un restaurante. Llamativo.

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Y un hotel

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Y otro escaparate. Con cocodrilo del pleistoceno incluido.

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A ver si os suena la calle...

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Y otra ronda de cena y cama.

Al llegar al restaurante, nuestro amigo el transilvano había empezado a celebrar San Valentino. Había cambiado las velas blancas habituales de las mesas por unas rojas, y llevaba una cogorza que no se veía los pies.
Al vernos entrar nos saludó al grito de "¡¡¡Espagñolooooooooooooooo amigoooooooooooos!!! ¡¡¡Es San Valentinoooo" y nos hizo chocar los cinco. La gente nos miró bastante rato.
Después, nos habló del amor y de otras muchas cosas. Y salió para seguir empinando el codo. Tenía montado fuera un tinglado de mucho cuidado. Birras y chupitos a discreción.
A nosotros nos obsequió con una cerveza y dos margaritas intragables XDDD
Trató de subirse a una escalerilla tras la barra para coger algo, y se le cayó todo, casi encima de una pareja que estaba cenando. Era la repolla en vinagre, lo juro.
Como era nuestra última noche en Roma, nos despedimos de él con pena.
A partir de este momento, nuestras cenas de los sábados serán con rodajas de limón en los vasos de agua y a la luz de unas velas. ¡Qué ratos pasamos allí...!

Día 4

El último día nos quedaban las termas de Diocleciano. De la lista de F.
estaba al corriente de que habían abierto en noviembre, tras treinta años de trabajos, y parecía que era una de esas cosas de visita obligada.
Las teníamos al lado del hotel (como todo).

Nos dejaron más fríos que un pescado muerto. El edificio de las termas está reconstruido, y en su interior hay un museo. Eso es todo.
Lo que sí mereció mucho la pena, fue el descubrimiento que hicimos en la tienda. Algo genial de los sitios a visitar aquí, es que sus tiendas están llenas de cosas interesantísimas. Libros y guías sobretodo. El señor R y yo picamos con un tochazo que explica muy bien la estructura de la antigua Roma. Nella Roma dei Cesari. En italiano, si, pero es prácticamente ilustrativo. Lleno de mapas del antes y el ahora. Y allí fue dónde O compró su ejemplar de ilustraciones del que hablé antes. También me pillé un póster de la Roma antigua que vimos en la pared de un kiosco y nos gustó.

No tengo fotos de allí.

Decidimos coger el metro, por el bien de F, que ya había sufrido bastante por nuestra causa la noche anterior, para irnos hasta la Piazza del Popolo.

La boca del metro era completamente vertical. No se aprecia en la foto, pero mareaba y todo...
En cualquier caso, allá van Máximo y F hablando de sus cosas.

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Y la piazza:

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Dimos una vuelta por allí, compramos bocatas para comer, y nos fuimos de camino al hotel, a recoger las cosas. A la una y media salía el autobús Termini/Ciampino.
De camino a la estación, hice una fotito de la plaza de la república, que es muy alegre.

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Y tras varias tribulaciones en el aeropuerto, mayormente para volver a pagar la tasa de los diez euros, comimos al aire libre. El día era muy soleado, y el más caliente de todos. Con el abrigo, se estaba de vicio.

Después de hacer guardar la cámara de fotos a Máximo a presión en su bolsa, se la hice sacar instantáneamente. Vi la foto perfecta para cerrar el álbum, jo.

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Tras comer y validar los billetes, nos pusimos a la cola para embarcar. En una de las tiendas de comestibles del aeropuerto vi botellitas de aceite de oliva tamaño minibar por doce euros. Creo que aquí no explotamos convenientemente nuestro oro líquido, como dice el Arguiñano. No veas como compraban los extranjeros. Esto de la dieta mediterránea es lo mejor del mundo...
Cuándo llevábamos cuarentaicinco minutos en la cola, y pudiendo ser de los primeros en embarcar, cambiaron de entrada. Los últimos en llegar se colocaron a la carrera entre gritos y risas (hacia los pardillos que estaban antes, nosotros). Uno de los que estaban delante nuestro se puso muy chulo, y todos hicimos lo propio. Al final la desorganización fue terrible y entramos por tres sitios distintos. La puerta normal, la que abrieron para nosotros, los primeros, por miedo a que hubiese un linchamiento, y una que se creó después con la tensión.
¿Como se puede cambiar de puerta de embarque sin avisar para respetar un orden? ¿Como somos así de insolidarios los seres humanos?
Es que en el momento en que oí un "¡¡Haaaa haaa!!" a lo Nelson me dio un tic en el ojo y lo empecé a ver todo rojo...

El embarque fue un sálvese quien pueda y me quedé con F esperando que los demás hubiesen llegado a coger un buen sitio, porque después de esperar de pie, me apetecía estar en la ventanilla, la verdad.
Y así fue.
Las maletas gigantes ocuparon mucho espacio (sigo sin entender como son tan severos con unas cosas y en cambio, dejan subir eso como equipaje de mano. Mucha gente volvió a viajar con sus bolsas entre las piernas.

Todo en general fue bastante vergonzoso y lamentable...

En el avión, aunque no me puse tan nerviosa en el despegue como a la ida, tengo que confesar que no voy cómoda. La idea de estar suspendida en el aire no va conmigo. Pero bueno, voy aguantando el tirón y es un miedo que no me impedirá seguir viajando.

El viaje de vuelta en coche, aunque más tristón por el hecho de que ya no estábamos en Roma, fue entretenido. F y O nos amenizaron un buen rato con las historias sobre sus viajes, que son muchísimos. Como la vez que F se bañó en el Nilo en compañía de Clark Gable (o alguien que se parecía mucho a él), o el crucero accidentado de O, dónde los macarrones fueron los verdaderos protagonistas.
Nos reímos un montón, como siempre.
Nosotros éramos los únicos que el lunes no tenían que madrugar, y eso animaba bastante.

Ains, voy a echar de menos esos desayunos comunes, las risas, andar hasta reventar y hasta el frío.
Lo hemos pasado de lujo.